Hay algo curioso pasando en las perfumerías del mundo: entre los anaqueles se agota todo lo que huela a vainilla, caramelo, chocolate o pistacho. Los perfumes “gourmand” (esos que huelen literalmente a postre) están viviendo un boom sin precedentes, y los expertos ya tienen una teoría bastante sólida para explicarlo: el auge de los fármacos para perder peso, como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, podría estar detrás de esta tendencia olfativa que está cambiando la industria de la fragancia para siempre.
Los números hablan solos. Según datos de NielsenIQ, las ventas de perfumes han subido un 23% a medida que los consumidores buscan nuevas “entradas sensoriales” que ya no obtienen de la comida. Al mismo tiempo, Scento reportó que la búsqueda por perfumes comestibles aumentó +936% interanual a mediados de 2024.
Por ello, el mercado no puede ser ajeno a esta tendencia: superando los 35 mil millones de dólares y se espera que alcance los 55 mil millones en los próximos años, por lo que marcas como Kayali, Sol de Janeiro y Maison Francis Kurkdjian están capitalizando la tendencia con perfumes que evocan gelatos italianos, caramelo salado y postres de lujo.
La relación entre el Ozempic y las fragancias
Los fármacos GLP-1 funcionan imitando una hormona intestinal natural que regula el azúcar en sangre y genera sensación de saciedad. Diseñados originalmente para tratar la diabetes tipo 2, se convirtieron rápidamente en la herramienta de pérdida de peso más popular de los últimos tiempos. Hoy, entre el 8% y el 10% de los estadounidenses ya los toman, y entre el 30% y el 35% ha expresado interés en usarlos.
El efecto colateral que nadie esperaba es justamente este: al suprimir el apetito, el cerebro parece buscar nuevas formas de satisfacer los antojos. La doctora Priya Verma, médica estética, lo explica de manera directa: si alguien deja de consumir azúcar, el cerebro puede buscar otras maneras de satisfacer ese deseo.
Y ahí es donde entran los perfumes dulces, como un sustituto sensorial del postre. En comunidades en línea o usuarios entusiastas a estas fragancias, cientos de usuarios de GLP-1 han compartido experiencias similares: perdieron el antojo por los dulces pero desarrollaron una obsesión repentina por las fragancias de vainilla, caramelo o praline.
La biología detrás del fenómeno
Hay razones fisiológicas bien documentadas que explican por qué los usuarios de estos fármacos se inclinan hacia aromas más dulces. Las zonas del cerebro que controlan el gusto y el olfato son también fuentes primarias de la hormona GLP-1 natural, lo que significa que estos medicamentos pueden afectar directamente cómo se perciben los olores. Según investigaciones, el olfato puede verse alterado por los agonistas GLP-1, llevando tanto a una mayor como a una menor sensibilidad olfativa.
A esto se suma que los medicamentos GLP-1 actúan sobre las vías de dopamina (el sistema de recompensa del cerebro), redirigiendo los comportamientos placenteros hacia nuevos estímulos. En otras palabras, el mismo circuito neurológico que antes se activaba al comer un trozo de pastel ahora puede dispararse al oler una fragancia de chocolate.
Hay otro factor que empuja a los usuarios de GLP-1 hacia los perfumes más densos y azucarados: los cambios en la piel. La pérdida rápida de peso reduce el sebo natural (los aceites de la piel), lo que hace que las fragancias se evaporen más rápido y duren menos. La dermatóloga Miriam Rehbein señala que la piel seca no retiene bien el aroma, y que los perfumes con notas más densas (como el caramelo y la vainilla) tienden a durar más tiempo y crear una experiencia más envolvente sobre pieles secas o maduras.
Además, los medicamentos GLP-1 pueden influir en los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que altera el pH y la producción de grasa en la piel. Esto cambia la forma en que un perfume se desarrolla sobre el cuerpo. Y por si fuera poco, la digestión más lenta puede afectar el olor corporal, por lo que algunos usuarios buscan fragancias dulces que funcionen también como un escudo olfativo.
Así, lo que empezó como un efecto secundario anecdótico de unos fármacos para adelgazar se ha convertido en una de las fuerzas más inesperadas que moldea la industria de las fragancias ahora mismo. Y aunque la ciencia todavía está poniendo al día sus estudios para entender del todo esta conexión, el mercado ya decidió: si el cerebro quiere dulce, el cuerpo se lo va a dar, al menos en forma de perfume.
Fotos de @lattafa_perfumes | @armaf_official
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