Si existe un lugar que se reconoce antes por el olor que por la vista en España, ese es Getaria. Antes incluso de llegar al puerto, el aroma de las brasas invade las calles estrechas y empedradas de esta pequeña villa marinera de la costa guipuzcoana. El humo que sale de las parrillas instaladas a la vista de todos anuncia una de las grandes especialidades gastronómicas del País Vasco: el pescado a la brasa.
Situada entre San Sebastián y Zumaia, Getaria es uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo. Sus calles medievales descienden hacia el Cantábrico entre fachadas de piedra, tabernas donde se sirven pintxos y restaurantes que llevan generaciones cocinando el pescado recién llegado de la lonja. Pero, además de comer extraordinariamente bien, aquí también se puede seguir el rastro de dos figuras universales nacidas en este rincón del norte: el navegante Juan Sebastián Elcano y el diseñador Cristóbal Balenciaga.
Fernando Lozano Qué ver en Getaria
La mejor manera de descubrir Getaria es perderse por su casco histórico. Fundada en el siglo XIII, la villa conserva el trazado medieval de cuatro calles paralelas unidas por estrechos pasadizos que bajan hasta el puerto. Pasear por ellas es encontrarse con casas de piedra, balcones floridos y pequeños rincones que parecen sacados de otra época.
En pleno centro se alza la iglesia de San Salvador, uno de los templos góticos más singulares del País Vasco. Construida entre los siglos XIV y XV, sorprende por un detalle curioso: el suelo está inclinado debido al terreno rocoso sobre el que fue levantada.
A pocos minutos aparece otro de los grandes símbolos locales: el monumento a Juan Sebastián Elcano, el marino que completó la primera vuelta al mundo en 1522. Desde allí se obtienen además bonitas vistas del puerto pesquero, que sigue siendo uno de los más importantes de la pesca de bajura en Gipúzcoa.
Para los amantes de la moda, la visita imprescindible es al Museo Cristóbal Balenciaga. Inaugurado en 2011, fue el primer gran museo del mundo dedicado exclusivamente a un modisto y permite descubrir la trayectoria del diseñador que revolucionó la alta costura del siglo XX.
Y, por supuesto, está el famoso Ratón de Getaria. Esta peculiar península, antiguamente una isla, recibe su nombre por la silueta que dibuja sobre el horizonte. El monte San Antón puede recorrerse a pie por varios senderos que conducen hasta antiguos puntos de vigilancia ballenera y ofrecen algunas de las panorámicas más bonitas de la costa vasca.
Dónde comer rico y barato en Getaria
Comer bien en Getaria es muy fácil. Aunque aquí se encuentran algunos de los restaurantes más prestigiosos del País Vasco, también existen opciones más asequibles donde disfrutar del producto local sin disparar el presupuesto.
Para una comida informal basada en pintxos y cocina tradicional vasca, una buena parada es Itxaspe, en plena calle Mayor. Es uno de esos bares donde nunca faltan las tortillas y las raciones.
Otra opción muy recomendable es Giroa Taberna, perfecta para probar un menú del día o compartir varios platos sin gastar demasiado. Sus precios suelen moverse en una franja moderada para la zona.
Si se busca una experiencia más centrada en el pescado a la parrilla pero sin llegar a los precios de los restaurantes gastronómicos más famosos del pueblo, Balearri Getaria- Jatetxea es una apuesta segura. Está junto al puerto y destaca por la calidad del producto y una relación calidad-precio muy valorada por los visitantes.
Y aunque el plan no sea precisamente económico, merece la pena mencionar que como Getaria es uno de los grandes templos mundiales del pescado a la brasa, basta caminar junto al puerto para ver cómo las parrillas exteriores forman parte del paisaje cotidiano del pueblo.
Qué hacer en los alrededores de Getaria
Una de las grandes ventajas que ofrece una escapada a Getaria es que permite combinar mar, montaña y vino en apenas unos kilómetros. A ambos lados del casco urbano aparecen las playas de Malkorbe y Gaztetape. La primera es tranquila y familiar; la segunda, más abierta al oleaje, atrae a surfistas durante buena parte del año.
También merece la pena recorrer el sendero costero que conecta Getaria con la vecina Zarautz. El camino atraviesa viñedos de txakoli colgados sobre el mar y regala algunas de las mejores vistas del Cantábrico. Además, es una ruta sencilla que puede hacerse en poco más de una hora.
Hacia el oeste, en Zumaia aguardan los impresionantes acantilados del Geoparque de la Costa Vasca y el famoso flysch, una formación geológica que parece un gigantesco libro de piedra abierto frente al mar.
Y si hay algo que completa cualquier escapada a Getaria es acercarse a alguna de las bodegas que producen el célebre txakoli con denominación de origen Getariako Txakolina. Rodeadas de viñedos que descienden hacia el Cantábrico, ofrecen degustaciones y visitas que ayudan a entender por qué este vino blanco fresco y ligeramente ácido se ha convertido en uno de los grandes emblemas gastronómicos de Euskadi.
Pequeña, marinera y 100% auténtica, Getaria demuestra que algunos de los mejores destinos del norte no necesitan grandes monumentos ni largas listas de atracciones. Basta con caminar por sus calles empedradas, contemplar el puerto y dejarse guiar por el olor de las brasas para enamorarse y querer volver.
Foto de portada | Miguel Ángel García
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