Para muchas familias argentinas, planear una escapada implica también pensar en el bienestar de perros y gatos, que ocupan un lugar central en la vida cotidiana. En este contexto, trasladarse con animales de compañía se volvió una práctica cada vez más habitual, pero también una responsabilidad. Con algunos recaudos básicos y siguiendo el consejo de especialistas, el viaje puede convertirse en una experiencia positiva para todos.
En los últimos tiempos, el crecimiento de personas que eligen viajar junto a sus perros y gatos impulsó cambios en la normativa nacional. La reciente resolución de la Secretaría de Transporte establece reglas claras para el traslado de animales en micros de larga distancia y trenes bajo jurisdicción nacional.
A partir de ahora, cada adulto puede viajar con un solo animal, siempre dentro de un transportín cerrado y con la documentación sanitaria obligatoria al día, como la vacunación antirrábica. Además, las empresas de transporte pueden fijar condiciones específicas, tarifas y límites de peso, mientras que los perros guía y de asistencia deben ser aceptados sin costo adicional.

Antes de confirmar cualquier plan, el primer paso es evaluar si el viaje es realmente adecuado para el animal. Consultar al veterinario resulta clave para analizar su edad, estado de salud y temperamento. Algunos perros y gatos se adaptan sin inconvenientes a los traslados, pero otros pueden experimentar altos niveles de estrés. En esos casos, dejarlo al cuidado de una persona de confianza o en una residencia especializada puede ser la mejor alternativa.
Elegir el medio de transporte correcto también marca la diferencia. El auto particular suele ser el más flexible, siempre que se respeten ciertas pautas: el animal debe viajar en un transportín bien sujeto o con sistemas de seguridad homologados, en el asiento trasero y sin sacar la cabeza por la ventanilla. Es importante hacer paradas frecuentes, llevar agua, correa e identificación visible, y nunca dejarlo solo dentro del vehículo, ya que el calor puede volverse peligroso en pocos minutos.

En el caso de viajes en avión, la planificación debe ser aún más cuidadosa. Se requiere un certificado sanitario emitido por un veterinario dentro de los días previos al vuelo, cumplir con las exigencias de la aerolínea y considerar los riesgos adicionales, especialmente para razas braquicéfalas. Siempre que sea posible, conviene optar por vuelos directos y horarios con temperaturas moderadas, evitando las horas de mayor calor o frío extremo.
Los trenes y barcos, por su parte, tienen políticas variables según la empresa y la ruta. Generalmente solo se permiten perros y gatos en transportín y bajo ciertas condiciones de peso y tamaño, por lo que informarse con anticipación evita contratiempos y discusiones de último momento.

Una vez en destino, la organización sigue siendo fundamental. Confirmar que el alojamiento acepte animales, conocer sus reglas y posibles recargos ayuda a planificar mejor las actividades. Llevar la cama, los juguetes y el alimento habitual favorece la adaptación al nuevo entorno. También es recomendable definir un espacio seguro, bloquear zonas peligrosas y mantener siempre la limpieza durante los paseos.
Viajar con perros y gatos implica flexibilidad, compromiso y responsabilidad. Tener la documentación al día, una foto reciente del animal y un pequeño plan de emergencia ante extravíos o problemas de salud puede marcar la diferencia. Con organización y respeto por las normas, compartir el camino con ellos no solo es posible, sino también una forma de disfrutar juntos cada nuevo destino.




